Piedra Lisa - oasis de la juventud
El campo de los abuelos maternos
Ricardo Ribbeck Westphal y Graciela Fuentes Toro
Ricardo Ribbeck Westphal y Graciela Fuentes Toro
(En honor a mi hermano Carlos fallecido a fines del año 2007 )
Nota: Esta descripción fue surgiendo mientras acompañaba a Carlos en su viaje por esos recuerdos que permiten reparar historias, y preparase para tomar caminos del alma.
Camino a Piedra Lisa
Desde Chillán, y aproximadamente a 11,5 kms hacia el norte por la carretera norte-sur, está la entrada al pueblo de Cocharcas. Tomando el camino hacia San Nicolás, más o menos a tres kms a la derecha, se dobla por el camino Monte León que conduce hasta la casa patronal del fundo Santa Josefina (que en nuestra época era de los Aldunate). Aledaño a los jardines de la casa por el norte, y haciendo una curva casi en 90 grados, se vuelve a doblar hacia el poniente y a unos 5 kms se llega a Las Lomas de Piedra Lisa. Bajando estas lomas de pastoreo de ovejas, está el río Changaral, y a cien metros, aparece tras unos enormes sauces, la gran casa patronal de dos pisos. Entrando al patio principal, se aprecia a su mano derecha, el Molino y las Bodegas.
Fundos colinantes
Al norte Santa María de Joaquin Prieto y Eliana: Joaquin, Carmen, Isabel Margarita, Ana María)
Al este Santa Josefina (Armando Aldunate y Violeta Herrera: Armando y Isabel)
AL sur Caripoco Sur y Caripoco Norte (Familia Barros Ramírez: Francisco, Luis y Gladys)
Al oriente Las Maravillas de los Prieto.
La casa patronal
La casa que habitaban los abuelos maternos era una gran casona de dos pisos, construida totalmente de madera pintada de color blanco, con sus marcos de ventanas de color café.
Entradas hacia el interior de la casa
Por el este y desde el patio principal -que permite ir hacia El Molino, Las Bodegas, el Galpón donde se ordeñaban las vacas, El Emporio, la Pieza de Herramientas, la Sala Descremadora, y El Gallinero- se entraba a un gran hall con piso de ladrillos que a su vez, distribuía hacia la cocina, a una pieza de una de las nanas, a una despensa y al repostero. El repostero contaba con una pieza pequeña donde estaba el frigider y repisas donde se guardaban alimentos. En este repostero había una mesa redonda donde almorzábamos los niños. Desde este repostero se inicia el pasillo hacia el resto de la casa.
Por el lado sur se entraba desde un porche de totora y piso de baldosas a el pasillo donde inmediatamente, a la mano derecha estaba la escalera para subir al segundo piso. El pasillo dividía la planta baja en el área de dormitorios de mis abuelos, de visitas, baño y la pieza del frigider por el lado izquierdo, y por el derecho, living y comedor. El comedor estaba comunicado con el repostero por una ventana chica. Por ella, las nanas pasaban la comida que recibía mi abuela y servía.
A la derecha del porche, en la pared del living y la chimenea, mi abuela mantenía unas enredaderas de copihues rojos y blancos. Y hacia el jardín principal por el lado este, había una gran tinaja con cardenales.
Por el lado este, y desde el jardín principal, había una terraza con tres o cuatro peldaños que permitía entrar al living y comedor. .
En la planta alta había cinco piezas y un baño, mas una sala de costura. Dos piezas sobre el living comedor y el resto, sobre los dormitorios de abajo. En uno de los dormitorios del fondo, dormían también nuestras nanas, Gina y Ana.
Los jardines
En los jardines del lado sur sobresalían dos palmeras, un encino gigante.
Por el lado oeste y frente a las Bodegas habían tres limones que daban todo el año ricos frutos. Entre el Emporio, la Sala descremadora habían dos enormes ulmos, de uno de ellos, colgaba la Malla de los Quesos y de la Carne cuando se mataba algún animal.
Por el este en dirección a los sauces, había un camino lateral que colindaba con el camino principal hacia el río, destacaban un cerezo cerca de la terraza, y luego dos naranjos amargos. Al lado norte de la terraza habían dos canelos. Frente a la terraza cuatro naranjos dulces. Al fondo del jardín, hacia el río, una fila de sauces llorones al lado de un pequeño canal de regadío que iba hacia la Quinta de frutales. El jardín estaba conformado frente a la Terraza por tres cuadrados rodeados de legustrinas las que se mantenían cortas y muy encuadradas. Algunos árboles estaban rodeados de suculentas generando una especie de senderos por los que corríamos en nuestros juegos. Por todo el lado norte de la casa (cocina) había un camino que llevaba a la quinta y luego a la segunda casa de mis abuelos, la que años después se quemó entera. Ese camino colindaba con la huerta, habían unos cuatro manzanos y la cerca estaba llena de achiras y lirios.
La Quinta
Por el lado que colindaba con el redil (río) había una fila de enormes higueras que conformaban un rincón espectacular de juegos, especialmente en la noche de San Juan. Era nuestro escondite preferido a la hora de jugar a las escondidas. Su sombra en verano era deliciosa y dormirse una siesta en sus faldas, todo un acontecimiento. En la quinta había tal cantidad de frutales, que las frutas se las terminaban comiendo los chanchos. Había damascos, perales, manzanos, membrillos, cerezos, guindos, duraznos, árboles que brindaban sus exquisitos frutos para mermeladas, frutas en conservas, frutas secas (carozo de los duraznos para el mote con huesillo, orejones de las peras para las empanaditas de peras). Los frutales estaban ordenados en filas.
Las Viñas Peumo y Maitén
Estas viñas de uva país, se llamaban así porque en cada una de ellas, había un peumo y en la otra un maitén. Colindaban con La Quinta y a continuación de ellas, estaba el potrero grande de los Perales donde se echaban los caballos aradores y los terneros.
El Pretil
Al lado de las viñas Peumo y maitén, había un potrero sembrado con trébol donde se echaban los caballos a pastar.
El Corral y La Huerta
Por el lado sur, y al otro lado del camino que lleva a las casas, estaba la huerta preferida por todos los nietos, ya que en ella se sembraban y cosechaban ajíes, tomates, cebollas, porotos verdes, choclos. Y por más que nos prohibía mi abuela sacar los ajíes verdes y tomates, andábamos siempre con sal en los bolsillos y ¡que rico!, comerse un tomate con ají yéndonos a bañar al río. Era todo un banquete.
El Gallinero:
Era el espacio prohibido para todos, incluso para los adultos. En el, mi abuela criaba muchísimas gallinas castellanas coloradas y criollas que andaban sueltas por el jardín… y cada día, mi abuela iba con un canasto a buscar sus huevos. No permitía que nadie entrara a buscar huevos, y ni se enteraba que le sacábamos algunos, le hacíamos un agujero con un alfiler y nos los comíamos chupándolos. Al lado de este Gallinero y hacia el este por el lado de la cocina, estaba la otra huerta donde había frutillas, cilantro, perejil, zanahorias, rabanitos, tomates, pimientos y snittlauch (ciboulette). En esta huerta había una planta muy especial, que daba una especie de esponja dura, con la que se limpiaban las ollas. De esta huerta sacábamos las zanahorias nuevitas, las limpiábamos en los bluejeans y para adentro…
Recuerdo una oportunidad que hubo una plaga enorme de pulgas enanas y era tanto, que tuvieron que usar el lanza llamas en todos los patios para eliminarlas.
Horno de Barro y Olla de Fierro
A cada inquilino, se le daba diariamente una tortilla de rescoldo y un platón de porotos que se cocinaban en la olleta de fierro. Además una ración de harina tostada. Para ello, había una cocinera dedicada a ello solamente. Las tortillas eran con harina "en ramas" – llevaba más harinilla que la harina blanca- y eran horneadas en el Horno de Barro.. Para las casas, el pan era con harina blanca.
Sala de descreamar
El Emporio
Mi abuelo vendía a sus empleados víveres, cereales, como el tarro de salmón tipo jurel, azúcar, yerba mate, manteca, harina blanca y tostada, café ciroco (mezcla de garbanzo y trigo tostado), cigarros marca ideal y premiere, velas, fósforos, y todo lo que vendía quedaba anotado en libretas, para luego descontarse de los sueldos.
Caballos
Rosilla (blanca), Petiso. Tonto, Cantinera (de mi tata), Mesonero (Carlos), Campera (que usaba Hernán Fagnilli y su hermano Sergio cuando visitaban a la familia desde Argentina).
Nanas y empleados
- Anita
- Gina
- El Chico (encargado de la huerta, de la quinta de frutales y encargado del gallinero)
- Salvador (encargado de las vacas lecheras, sacaba la leche, hacía mantequilla, amasaba el pan).
Rio Changaral
Sector norte del puente en la parte más onda bajo los sauces, nadar
La Bocatoma: nadar y topeaditas
La Isla de arena de la Bocatoma y el miedo a las vinchucas, para tomar sol
El puente es construido por el tata Ricardo Ribbeck Westphal y mi padre Chio (Ricardo Jungjohann Schleyer). Hernán Fagnilli, uno de los primos mayores recuerda esos momentos en que ambos se ayudaban con un viejo camion Thames.
Del puente hacia los cerros del poniente, se dividía el camino formando un triángulo: Hacia la derecha estaban las casas. Hacia la izquierda, se iba hacia la viña de La Quebrada y Caripoco. Entre ambos caminos, estaba el potrero de amansa de caballos y una huerta donde robábamos los ajíes.
Esos dos caminos eran cortados por el camino que une los Fundos de Caripoco y Piedra Lisa, camino que faldeaba el cerro de pino, y las piedras de la Virgen.
La Fragua
A los pies del cerro detrás del Molino, cruzando el puente del canal, y hacia la izquierda estaba la Fragua, donde se fraguaban las piezas de herramientas de arados, herraduras, etc. Era una pieza de películas, llena de herramientas, sopletes, hierros – algunos oxidados por la humedad del invierno- y al medio había un enorme …. (como esos para prender la chimenea, que echaba viento, tan fuerte que era capaz de calentar los fierro y así, poder moldearlos. Que al Mi tata era el que hacía esas labores con ayuda de un inquilino. Al lado había una casa de inquilinos, donde vivía el Chico y su familia.
La Virgen
Derecho por La Fragua hacia arriba, estaba La Virgen, que ubicó en ese lugar mi abuela Chela. Para llegar a ella, había que pasar entremedio de Boldos, litres y grandes piedras lisas que entorpecían la subida. Para los jóvenes más que un lugar sacro, era un lugar de contemplación, ya que desde ahí, se veía todo el valle, el río, el puente, las casas y jardines… Y era todo un paseo y en las noches, en el grupo de las primas y que conformaban la SAES, la que se atrevía ir después de las once de la noche, ganaba el liderazgo al día siguiente y mandaba a todas.
En las noches, era una posta de valentía para llegar a ser la líder de la SAES, que formábamos Olga, Isabel Aldunate, Sonia, Mónica, Hilda, Pelu. Otras metas eran, ir al bosque de pino , tirarse pilucha al río, todo a las doce de la noche.
Siguiendo ese camino hacia el sur y yendo hacia Caripoco, había un montón de rocas de piedras lisas –del porte de una casa cada una, y entre medio, enormes cactus llenos de tunas. Era parada obligatoria cuando íbamos a Caripoco a ver a nuestros amigos Pancho, Lucho y Gladis Barros. Allí podíamos estar horas sentados comiendo tunas, cantando, contando chistes o simplemente, tirados en las piedras recibiendo los rayos del sol…
Bosque de Pinos
Siguiendo el camino que bordeaba los cerros donde estaban la Fragua, la Virgen, y llegando casi al deslinde con Caripoco, estaba otra de nuestras grandes entretenciones, el Bosque de Pinos, donde íbamos con sacos y metidos dentro de ellos, nos lanzábamos hacia abajo como si esquiáramos y era muy entretenido. En las noches, íbamos a cazar mariposas gigantes.
Las Pataguas
Siguiendo por el Bosque de pino hacia La Quebrada, había una pendiente suave y llegábamos a Las Pataguas. Había una vertiente natural rodeada de frondosos peumos, acacias, coigues, sauces que conformaban una verdadera cueva enorme vegeta, donde colgaban largas lianas de las raíces de plantas parásitas que estaban en la cima de los árboles. Era majestuoso y fascinante estar ahí. Tarzán se quedaba corto, y nosotros, creábamos películas vivientes llenas de experiencias insólitas, volar por los aires, saltar de una liana a otra, o quedarse simplemente bajo los árboles y conversar, cantar, jugar a las prendas.
La Cueva del León
Al final de ese cerro, había una viña de uva país. A continuación, y al término de ese otro cerro, estaba La Cueva del León, un rodado enorme de rocas gigantes de piedras lisas que al caer desde la cima en tiempos remotos, fueron dejando cuevas que eran ocupadas por zorros. Se decía que una leona había sacado crías ahí porque se comía las ovejas, y por eso, su nombre
Los Coigues
Siguiendo hacia el norte por el mismo cerro, llegábamos a Los Coigues, un pequeño bosque nativo donde escalábamos a caballo para llegar a unos enormes Coigues que trepábamos por unas enredaderas salvajes parecidas al copihue, firmes para comernos sus frutos, unas vainas como las de los espinos, las que al ser apretadas, soltaban un jarabe dulce muy exquisito. Las pepas estaban rodeadas de una capa gelatinosa de fibra blanda y jugosa. Muy rica.
Durante estos paseos por la Quebrada, era típico encontrarnos con arañas pollitos y jugábamos a pisarlas con las patas de los caballos. También íbamos a molestar a las culebras que anidaban en yepos en los huecos de las piedras en los cerros. Usábamos unos palos largos que movíamos en círculos hasta que las culebras salían,. Eran cientos de culebras castellanas (grises) de todos tamaños.
Luego dábamos la vuelta por detrás, saliendo a Caripoco, pasando por Las Maravillas.
Viñas de uva Italia,
Partiendo de las casas patronales hacia el norte, estaban las viñas de uva Italia, lo mejor de mi vida… Era un paseo diario, en que todos los que veraneábamos salíamos después de la siesta, con las canastas a cortar racimos para el postre… mientras algunos nos sentábamos bajo las vides, a la sombrita, para comer y comer las uvas más deliciosas, otros conversaban tranquilamente.
Gran Piedra Lisa
Por el mismo camino de las viñas aparece un gran cerro donde contábamos con dos hermosos parajes de paseos y aventuras. El primero estaba en las faldas de cerro, era una Piedra Lisa de 20 mts de ancho por treinta de largo, media ovalada que salía a un metro de la tierra y cada un metro tenía hoyos del porte de nuestros traseros, resultando ser un excelente anfiteatro nocturno para ver las estrellas. Con suerte, si podíamos robarnos un vinito era mejor.
Piedra Olla
Subiendo este mismo cerro, estaba La Piedra Olla, una enorme piedra lisa, redonda como una pelota, partida verticalmente por la mitad dejando una pasada estrecha medio inclinada. Su diámetro era de seis a siete metros. Cuando éramos chicos, nos parecía imposible de escalar. Mi hermano Carlos y Richard eran los encargados de escalarla y tirarnos una cuerda a los más chicos. Una vez arriba, la emoción era difícil de explicar. El Everest de nuestra niñez. Ya mas grandes, éramos capaces de subirla por si solas.
L
Actividades típicas del campo:
La Trilla de trigo: El Tata se compró una máquina trilladora que no solo permitía trillar los propias cosechas de trigo de Piedra Lisa, sino que salía a trillar maquila, llegando hasta Huape. En esa máquina quedó Carlos de … años, se escondió mientras jugábamos a la escondida, quedando atrapado en la tubería que deja salir la paja. Fue tanto el alboroto, que hubo que desarmar la parte delantera para sacarlo. Mi abuela Chela estaba esperándolo con una varilla de membrillo, sacándole la cresta, en ves de estar feliz de que estaba bien.
Amarra de sacos de trigos con agujas de saco.
Tostada de trigo: En una callana de lata de un metro por un metro y medio se colocaba el trigo y se tostaba en un fuego, estando colgado en el aire. Si se tostaba poco, se molía para harina tostada. Si quedaba negrito, se molía para café de grano.
Molienda de trigo - harina: el tata tenía un molino al lado de las Bodegas de Vino. Era un galpón enorme donde estaba el molino y el motor petrolero que daba la luz a las casas y toda la energía para mover las máquinas de las Bodegas. Era de tal magnitud el molino, que venían de otros fundos a moler sus trigos.
La Trilla de porotos y garbanzos: Se amarraban cuatro a cinco caballos en un palo, y un inquilino los iba azuzando para que giraran y así, aplastaran los capis y luego, se sacaban y se limpiaban al viento las legumbres. Se guardaban así, y en el invierno, bajo techo, se dedicaban horas y horas a limpiarlos.
Cosecha de porotos verdes y choclos: Se cosechaban todos los porortos verdes, se limpiaban y se cortaban al hilo. Luego se guardaban en sal en cajas de madera de álamo, envueltos en papel de mantequilla. También en botellas con sal gruesa.
Limpieza de botellas: verano. Debíamos lavar las botellas de vino de un litro con perdigones y soda cáustica, batiéndolas hasta que soltara la borra del fondo.
Cocimiento de maíz: En Marzo, en el sector norte del río Changaral estaba la Olleta de Fierro donde se cocía el maíz para hacer la chuchoca. Era toda una fiesta, se reunían todos los inquilinos, los patrones y familias y se dedicábamos a pelar y pelar choclos echándolos en esa olleta que tenía una capacidad de 700 litros de agua. .
La vendimia: En Marzo, había que cosechar toda la uva. Y nos pagaban centavos por cada caja de uva que echábamos en la carreta.
La amansa de caballos
La capadura de terneros y chanchos.
Familias de todos los veranos:
Aldunate
Billuix (las mellizas)
Sergio Cisterna
Manuel Madrid
Arnoldo Riquelme Toro y Lucy (Hilda, Arnoldo y Tristán, Mónica)
Gabriel Fagnilli
Actividades recreativas al aire libre
Caza de perdices, zorzales, tórtolas, conejos, liebres (rifles y escopetas)
Pesca de bagre y carpa (tarros y lienzas).
Las topeaditas a caballo
Corrida en carnero y chanchos
Carreras a caballo
Salidas en La Cabrita de mi abuela, a visitar a los vecinos.
Paseos a caballo
Caminatas a las viñas y cerros
En los jardines: policía y ladrón, escondidas, la pinta, confección de volantines y elevar volantines, trompo, bolitas y polcas,
Actividades recreativas en casa
Tertulias al atardecer al lado de la chimenea
Juego de naipes con guindao
Guitarra y canturreo
12 de febrero, cumpleaños tati.
Vacaciones de verano:
Vacaciones de invierno: Solo eran quince días, sin embargo, la aventura era diferente. Era hacer lo mismo del verano bajo la lluvia, sentir la lluvia y el viento en la cara mientras se galopa y galopa sin rumbo… solo correr y dejarse llevar por la emoción del momento. Y luego la chimenea, las sopaipillas pasadas, el vinito caliente con naranja y canela.
Y si Dios estaba de nuestra parte, se inundaba el río, llegando las aguas hasta la Escuelita en las faldas del cerro al otro lado del río y la terraza del jardín. Y eso implicaba quedarnos hasta que baje el río. Qué buena suerte.
La inundación de río, pasada a caballo o en bote